TODO UN PLAGIO, YA LO VES

Repasemos uno de los segmentos más odiados de la música: aquellas bandas que deliberadamente tomaron prestado sin permiso la inspiración ajena y la exprimieron al mango.

Cada vez es más común escuchar frases como “está todo inventado”, “ya no queda género por descubrir” o “el rock ya no es novedad”. Si en algo se pueden medir estas opiniones abstractas y trilladas es en la cantidad de canciones que surgieron en los últimos 30 años y que se convirtieron en hits, algunas de ellas con el agregado de ser muletto de otras aún más trascendentales. Juicios, copias, parecidos, imitaciones, negaciones, disculpas y hasta amenazas tiñen de todos los colores a un tópico que aún tiene mucho de tabú en la cultura popular. ¿Influencia o engaño? Creer o reventar, que las pruebas y youtube hablen por sí solas…

No es casual que el 75% de los te pido permiso sin pedir permiso que se registraron a lo largo de los casi setenta años de existencia del rock pertenezcan solamente a la era posterior al glam (1990 hasta la fecha). Y eso coincide con otros dos fenómenos culturales: la disminución progresiva de bandas épicas en actividad y la casi nula creación de géneros musicales no fusionados (a diferencia de lo que son el rock and roll, reggae, ska, punk o el heavy-metal). Los prefijos post, new, y proliferación de sub-géneros dan cuenta de ello.

Hay de todo tipo: víctimas nacionales e internacionales. Plagios totales y parciales; con procesos judiciales y otros que no llegaron a los tribunales. Si tuviésemos que coronar a los reyes en este rubro, sin dudas Oasis  se lleva todos los boletos: discípulos de The Beatles, T-Rex y The Who, la ex banda de los hermanos Gallagher se encargó de demostrar descaradamente su devoción hacia sus maestros rockeros sustrayendo acordes, riifs y hasta estribillos enteros. El inicio de Get it on (T-rex) es igualito a Cigarettes and Alcohol, lástima que el primero  dos décadas más antiguo. Hallo y Whatever, dos temas favoritos por parte de los seguidores de Oasis, son escalofriantemente parecidos a composiciones de Gary Glitter (Hello! Hello! I’ m back again) y Neil Innes (How sweet to be an idiot).

Curiosos son los casos de Soda Stereo y Pablito Ruiz. ¿Quién diría que U2 y Tame Impala harían dos canciones realmente similares, sobre todo en el comienzo de ambas? Claroscuro y Lemon son cuasi hermanas, al igual que Océano y Feels like we only go backwards. Si bien Cerati y Bono se conocieron en 1992 cuando el irlandés vino como turista, Gustavo jamás pensó que el hecho de regalarle una copa del casete de Dynamo (trabajo en el cual está incluida la víctima de plagio) tendría tanta inspiración para el póker europeo ultra famoso a nivel mundial. Lo de Ruiz dio la vuelta a la Tierra en 2014: acusó a los australianos y el caso salió publicado en las revistas más prestigiosas de rock. Aunque finalmente todo quedó en la nada, Pablito casi da en el clavito.

Led Zeppelin también han sufrido en carne propia el gustito de la traición, aunque ellos también se desquitaron con otro colega: Dazed and confused (1969) y Paranoid (de Black Sabbath, 1970) comparten un riff tan legendario como idéntico promediando las canciones; Robert Plant y compañía lanzaron en 1975 Physical Graffiti y con él, Trampled under foot, una joyita que casualmente nos remite a Terraplane Blues, una obra del inmenso Robert Johnson, realizada… ¡40 años antes!

El arte de pedir prestado siempre estuvo presente en la música y todo indica que con el correr del tiempo nos acostumbraremos cada vez más. ¿Tendencia o falta de respeto? Todo un plagio, ya lo ves…

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MADNESS NO TIEMBLA, LATE

La banda inglesa de ska se ha destacado por sus recitales festivos, vibrantes y llenos de energía. Sobran razones para elegirlos como los más zarpados en vivo: esconden un récord difícil de igualar.

Los Redondos tienen el pogo más grande del mundo (cuando ha sonado Jijiji), Manowar posee el recital más ruidoso del planeta (139 decibeles de intensidad) y Rod Stewart, el más concurrido (350 mil espectadores en Copacabana 1994). Sin embargo, hay un grupo activo que cuenta con más de cuarenta años de trayectoria y que hasta tuvo casi una década de parate, capaz de sorprender a todos y todas con su glorioso regreso en 1992, en el cual marcó un antes y un después en las estadísticas de los directos en el rock.

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Haciendo un paralelismo con la cancha de Boca Juniors, los precursores del 2 Tone (segunda ola del ska británico) forjan shows literalmente vibrantes. En el caso del xeneize, siempre se debió al conjunto de tres factores determinantes: la estructura cerrada de la Bombonera, el griterío y salto combinado de los hinchas, y las condiciones acústicas que encierran al estadio azul y amarillo. Por parte de Madness, el corazón también late: es patente que empiecen su listado de temas con One Step Beyond, track que no dura más de dos minutos y medio pero que alcanza para convertir cualquier recital de Madness en una auténtica caldera. Si no me creen, chequéenlo en Youtube, o vayan a verlos: aún no se separaron, otra vez (?).

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Como antes habíamos nombrado, a mediados de los años 80, en uno de sus mejores momentos, decidieron tener un impass, el cual duró hasta el 8 de agosto de 1992, cuando se cristalizó el retorno de la locura. Cuando Suggs, Mike Barson y compañía salieron a escena en esa calurosa noche en Finsbury Park, todo se abstrajo de la realidad: fueron en pocas palabras, un terremoto. Los edificios comenzaron a temblar, parecía que el mundo se venía abajo. Los vecinos llamaron a la policía sorprendidos por los temblores que se registraron en esa zona de la popular y querida Londres. Cuando se dieron cuenta ya era tarde, la fiesta había comenzado y la gente saltaba, bailaba y gozaba sin parar. Se trataba de uno de los regresos más esperados en la historia de la música inglesa, comparable sólo a las vueltas de Sex Pistols o Blur, nombrando ejemplos contemporáneos.

Para asimilar la magnitud de lo sucedido, cabe recordar que ese sísmico momento llegó a 4,5 en la escala Richter. Oficialmente, aquel día coronó a Madness como la banda que provocó un terremoto en vivo, el mismo que había generado con su irrupción a mediados de los años 70 con su pegadizo ska junto a colegas como The Specials y bad Manners. No tiemblan, laten…

 

Electric Child: “El éxito está en hacer lo que nos gusta”

La banda conformada por John Goodblood, Matías Luke, Santino Kauzklaz y Agustín Sanchez se prepara para el recital de este finde en el Roxy. Nota a cuatro tipos imprevisibles, melómanos y con más noche que la Luna…

Viernes 10 PM. El barrio de Palermo Hollywood está movido y la gente comienza a llenar los bares para bajar la comida con suculentas medidas de cerveza tirada. Mientras tanto, en Espacio 37, ubicado en la calle El Salvador, un joven melenudo exige: “¿dónde está Luke?”. Faltaba sólo un soldado para que el póker argento comenzara a ensayar en la compacta y acogedora sala. Menos mal que tardó en llegar el batero, así pudimos ir calentando motores y repasar lo que sucederá en algunos días en un clásico porteño como lo es The Roxy, boliche situado al lado de Niceto, en el corazón de la joda de Capital Federal. En realidad, al grupo, cuando toca en vivo, lo completa la joven Arielle Moore en violín.

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La Black: Partamos del presente hacia atrás. ¿Qué expectativas tienen para la fecha del 24?

Luke: Venimos con nuevas incorporaciones, temas y conceptos.

Sanchez: Nueva ropa. (Risas)

John: Nos tomamos un tiempito para descansar las pilas y decidimos salir con un formato renovado. Estamos más inspirados.

Luke: Nos gusta ser una banda conceptual…

La Black: Ustedes hacen mucho hincapié en lo que son las redes sociales y en el autodenominado formato Tesla, subiendo videos cortos, de un minuto. ¿Es la nueva generación?

John: Se puede decir que sí. Nos dimos cuenta que así nos potenciamos y nos dimos cuenta que es lo que hace bien cada uno de nosotros. Yo traigo un tema, Luke lo produce musicalmente, Santino le mete a lo visual y a lo sonoro, y Sanchez le mete a los sintetizadores. Son canciones de 60 segundos que subimos a instagram pero que en vivo las extendemos. Vamos a tener un disco que en cuatro años vamos a decir: “mirá lo que hicimos, quedó genial”.

Luke: Caundo lleguemos a los veinticinco temas de un minuto, vamos a poder hacer un show de casi media hora (más risas).

La Black: Tesla es un tipo que cambió la humanidad como pocos pero que nunca se le dio reconocimiento en vida…

John: Como casi todos nuestros ídolos, siempre vemos todo lo bueno y lo malo, y nos quedamos con lo primero. En el caso puntual de Tesla, no creía en la colaboración y hacía todo solo, algo que le costó muy caro. Confiaba demasiado en su propio genio y por el contrario, odiaba el trabajo en equipo. Nosotros somos un grupo y por eso nos apalancamos el uno con el otro. Sí, nos influyó Tesla, pero tampoco somos unos ermitaños, encerrados, egocéntricos científicos.

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Información para el lector: Nikola Tesla fue un inventor clave en el desarrollo de la energía eléctrica del siglo XIX y figura indispensable para entender el surgimiento de la segunda revolución industrial. Recién se volvió popular en los últimos años, cuando en realidad falleció en 1943.

La Black: Ustedes tienen una onda progresiva, al estilo de The Mars Volta. ¿Ven en el under bandas de ese palo?

Sanchez: Nosotros nos movemos mucho en la escena y te podría nombrar miles de colegas…

Santino: Ácido Plexippus. Son excelentes, con un sonido bien setentoso.

Luke: De nuestro mismo corte no conozco mucha, sí te puedo decir que cada uno aporta sus propias influencias para formar un todo incatalogable. Somos un Frankenstein.

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La Black: Cada uno entiende el éxito dependiendo del sentido que le dé a la palabra. ¿Para ustedes cuál es la forma de distinguirse para trascender, con tanta saturación de información?

Sanchez: Si hacés un esfuerzo muy grande por distinguir, no lo vas a lograr.

Luke: Simplemente hacemos lo que nos gusta. Cuando compongo o produzco una canción pienso: “Yo escucharía esto”. Nunca hice algo que no me gustó, no me lo permitiría nunca. Si no, me sentiría un tarado.

John: Para él, ahí está el éxito…

Luke: Si después le gusta a la gente, buenísimo.

Santino: La música sólo se transmite a través de la sinceridad. Si uno hace lo que cree que va a gustar, no está siendo honesto consigo mismo y con los demás, y te juro que tarde o temprano se nota.

La Black: ¿Creen que las empresas siguen teniendo la posta o hay cada vez más autogestión?

Santino: Estoy esperando que las redes sociales como Instagram rompan todo. Ahí está la movida ahora. Y estoy seguro de que se pueden hacer proyectos y subir cosas copadas para que la gente se entere todo el tiempo de nuestro material y los shows que hacemos.

La Black: ¿Y cómo hacen para conservar la calidad en este panorama?

John; Lo vemos como una oportunidad. Nosotros también venimos de una cultura de álbumes y solos épicos de cuatro minutos. Nos vamos adaptando a las circunstancias pero siempre teniendo la exigencia ahí, latente.

La Black: Me contó un pajarito que también van a grabar un tango…

John: ¡Así es! Ya lo probamos, va a ser alto desafío porque también será de un minuto y será compacto, elaborado y trabajado como cualquier tango.

La Black: ¿Ya hay disponible nuevo material en las redes?

John: Así es, ya está disponible Tesla Rapsodhy #1 y pronto habrá más novedades… Vamos a grabar más material en los barrios de La Boca o San Telmo, en zonas místicas donde la gente baila tango en la calle. Vamos a mechar y armar varios videos, todo muy casero. Venimos de laburar en Panda a hacer esto: del lujo al no lujo. No sabemos si es la forma correcta, simplemente es nuestra forma. Somos retro, pero también sabemos que lo podemos asociar a estos tiempos…

La Black: ¿Qué banda les falta ver en vivo?

Sanchez: Nine Inch Nails. Tocan hace como treinta años y aún no los vi…

Santino: A mí me gustaría ver a Reignwolf, que es un solista de blues muy bueno.

John: Joe Walsh, el guitarrista de los Eagles. La rompe. Es el que hizo Hotel California, imagínate.

Electric Child toca en la trasnoche de este viernes 24 en The Roxy junto a Nena Echo.

Medio siglo de rock nacional, by Eruca Sativa

Ciudad Emergente cumple 10 años y de la mano del power trío, rindió homenaje a nuestra música, esa que llevamos en la sangre y que se transmite de generación en generación.

La Boca tembló y vibró al ritmo de un festival que reivindica la esencia de rock argento, uno de los más importantes a nivel continental. Si bien fue una extensa jornada, el destacado del miércoles se tradujo en dos enormes palabras: Eruca Sativa. Como era de esperar, el combo compuesto por Lula Bertoldi, Brenda Martin y Gaby Pedernera nos transportó en el DeLorean hacia todas las décadas desde 1967 a la fecha. Cincuenta años no son sopa, eso está más que claro. Tampoco lo es resumir (en la mejor medida) en exactos sesenta minutos el exquisito e infinito cancionero que nos proveyeron a lo largo de tanto tiempo nuestros artistas favoritos.

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Con una puesta en escena brillante y un sonido acorde a las circunstancias, el viaje al pasado lejano (y no tan lejano) fue un disfrute para un público que abarrotó la Usina del Arte. El recital de los del interior intercaló interpretaciones y videos proyectados (en los que aparecieron figuras entrañables como el Bocha Sokol y María Gabriel Epumer). Emocionó ver en el escenario a invitados selectos: David Lebón y Machi Rufino, héroes de la vieja escuela rockera contracultural, se unieron cada uno por un instante para reivindicar las bases del rock argentino.

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Desde “El anillo del capitán Beto”(Invisible) hasta “Perfectos cromosomas” (Catupecu Machu), el repertorio de covers eruquero atravesó medio siglo de gloria. Para demostrar la variada influencia que tienen la formación originaria de Córdoba, también se pudieron escuchar versiones de “Corazón Delator” (Soda Stereo), “Vuelos” (Bersuit) y “Villancico del horror” (Divididos).

El pasaje más festejado tuvo lugar cuando Lebón subió para compartir con su guitarra “Despiértate, nene” y la inoxidable “Seminare”. ¿Qué sentirán tres músicos de nuestra generación al recibir una idolatría tan sincera cada vez que David oficia de invitado de ellos? Piel de gallina.

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Los pibes pedían temas de Eruca y ellos se los dieron: el césped no aguantó mucho el pogo en “Confundiste” y “Abrepuertas”. En menos de ocho minutos, las zapatillas se llenaron de barro y fauna, y eso que todavía no había empezado a llover. “Queloquepasa” dio la estocada final: breve pero brutal descontrol frente al escenario. A algunos el lodo le llegó hasta las rodillas, y el rock, al corazón.

Seguramente en algunos años, cuando se haga otro homenaje, las bandas nuevas incluirán algún track de Eruca Sativa en vivo. No hay dudas de eso: si lo dice Lebón, será así.

Nota: Joaquín Vacca

Fotos: Bri Glenfada

Libertines: el rock como todo escándalo.

La Black desmenuza la historia de una banda que resurgió luego de varios años de peleas y rencores. Un par de discazos, drogas, modelos, giras interminables y hasta Argentina aparece como punto clave en la fama de un grupo que nunca tuvo paz interior.

Si tenemos que hablar de una de las parejas más controvertidas en la reciente historia del rock inglés, además de nombrar a los hermanos Gallagher, es indispensable nombrar a Pete Doherty y Carl Barat, responsables de la creación de un bicho raro por naturaleza: The Libertines. Supongan que dos leones iracundos entran en una habitación cerrada con llave por alguien que está del otro lado… Hay un punto en el que, amistad aparte, se van a agarrar a los sopapos limpios. Relaciones de amor y odio como hace mucho no se veía en la escena británica.

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Narrar los sucesos que condujeron a la conclusión de que los Libertines son una especie de Pistols del nuevo milenio es más sencillo de lo que parece. Basta con recopilar eventos puntuales: Barat conocía a Pete por su hermana, Amy Jo-Doherty. Cuando ambos dejaron sus respectivos estudios (por cierto, eran pibes muy bohemios y cultos: teatro y literatura), decidieron ir a vivir juntos a un departamento icónico para ellos mismos. The Delaney Residance, la cual hasta tiene tema propio, fue testigo directo de ensayos, juntadas y hasta recitales llenos de excesos.

Sin sello discográfico y sin bajista y baterista fijos, el dúo dinámico se la jugó por John Hassall (ya lo conocían) y el moreno y simpático Gary Powell. Corría el año 2001 y el garage estadounidense, de la mano de The Strokes, lideraba las listas de los principales países. El hecho de que los chicos malos de Londres tocaran un estilo relativamente parecido (un poco más punks, más british) los llevó a ser teloneros de la formación liderada por Julián “Mantecol” Casablancas.

Con Oasis lejos de su época de esplendor, Blur a punto de separarse y los Arctic Monkeys aún sin existir, la prensa inglesa apostó todas sus fichas al cuarteto capitalino, aún sin haber sacado un sólo disco de estudio. Con apenas un sencillo (What a waste), la NME se rindió a sus pies y decretó: “son la salvación del rock”. Tal como los medios yanquis lo habían hecho con los Strokes. Misma receta, resultados no tan distintos…

El 2002 fue él momento top de los Lib. Up the bracket, su LP debut, es todo lo que una banda desfachatada inglesa debe tener: punk, garage, bardo, letras directas y recitales potentes y desenfrenados. El productor fue un rebelde con causa: Mick Jones, ex Clash. Aquí es cuando nuestro país entró en sintonía con esta historia. La tapa del épico larga duración es el retrato de unos policías en plena manifestación de Plaza de Mayo, la cual desembocó en la renuncia de De La Rúa. Nada es casualidad: Jones es un ingeniero en este sentido y sabía la situación que estábamos pasando, y esa presentación dio en el clavo.

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El éxito fue tan grande como el caos mediático: Doherty contrajo severos hábitos hacia las drogas duras y el alcohol, lo que lo llevó a ausentarse en varios shows durante gran parte de 2003. Lo musical se vio claramente eclipsado por este motivo, pero a su vez le daba rédito en las revistas sensacionalistas, las cuales estaban más pendientes de un nuevo escándalo que de un aporte netamente profesional.

A todo esto, el líder había formado un proyecto paralelo: Babyshambles, con influencias más orientadas al indie-rock que al sucio punk-garage. El colmo de los colmos se concretó con su arresto, a raíz del robo de instrumentos pertenecientes a Barat. Ya en una situación irreconciliable, la separación no se hizo esperar mucho más y en 2005 Libertines ya era historia. La “mejor banda de Inglaterra” había durado apenas 6 años y sólo tres con formación oficial.

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Ojo, antes de pegar el portazo sacaron al mercado la segunda placa, llamada también The Libertines. Fue también un fenómeno de ventas, pero coincidió con el ojo de la tormenta. Menos rabiosa que su primogénita, igual mantiene el espíritu jovial y desatado que caracterizó a aquella época dorada de los libertarios. Destaca What Katie Did, dedicado claramente a Kate Moss, ex pareja de Doherty. Todo giraba en torno a Pete, otra de las causas de la ruptura impostergable. Carl Barat fundó  Dirty Pretty Things, una especie de “Libertines pero sin Doherty”. Dato insólito: tuvo problemas legales con dos grupos que habían usado ese mismo nombre, ganando Barat y su pandilla en ambas ocasiones.

Pasó mucha agua sobre el río y una reunión efímera en 2010. Hasta que en 2014 se pusieron las pilas y volvieron con todo: luego de unos meses de limar asperezas, se metieron en el estudio y grabaron Anthems for Doomed Youth, por lejos su disco más maduro y prolijo a la fecha. Ya pasaron veinte años desde que la dupla estrella tocó por primera vez y sin embargo no llegan a los cuarenta pirulos de edad. Son unos viejos jóvenes, el agua y el aceite, el bien y el mal. Pero siguen juntos, por algo será. No hay vuelta que darle, así son The Libertines. Tómalo o déjalo…

Arctic Monkeys: el lado B de la última gran banda de rock

Cómo rompieron con los esquemas estipulados del mercado. El arte de decir que no a los grandes los llevó al lugar de hoy. Una cosa de monos. ¿Porqué ellos? ¿Por qué no?

Diciembre de 2001. Mientas las calles argentinas ardían de bronca y odio hacia De La Rúa, del otro lado del Atlántico, un pibe con acné y bastante tímido recibía un regalo que cambiaría para siempre el escenario de la música tal como la conocemos. A días de cumplir sus 15 años, Alex Turner sabía (sin saberlo) que ese mismo 25 de diciembre había comenzado a rodar una bola que se fue agrandando incesantemente. Ojo, sus viejos fueron clave en todo esto: lo sitiaron de información dese que era niño. Carpenters, Beatles, Zeppelin, Oasis. Ambos eran maestros, y él, (hijo único) su primer alumno.

Que queda claro: acá no vas a leer cantidad de discos vendidos, ni estadísticas que podés encontrar en Wikipedia. La razón del éxito de masas de Arctic Monkeys radica en tres puntos clave: la estrategia exquisita para encarar el mercado musical, la paciencia ante el avasallamiento de las grandes discográficas (cuando todavía éstas tenían una razón de ser) y, la más importante, el uso de internet para difundir canciones, algo inédito hasta ese entonces.

Influidos por bandas contemporáneas a su primera adolescencia, Alex y Matt Helders (baterista), quienes ya eran amigos desde la primaria, se convirtieron en los dos pilares de AM desde el inicio. White Stripes, Strokes e Interpol son los ejemplos más visibles de la movida estadounidense del famoso y odiable rótulo “Garage Revival”. Tampoco hay que olvidarse de sus compatriotas Libertines, quienes ya eran conocidos por sus escándalos dentro y fuera del los shows.

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Desde un principio, los Monos del Ártico demostraron ser los Robin Hood del rock inglés, etiqueta que ni a Blur u Oasis podríamos colocarle. Cualquier ser humano pensante (no está mal el supuesto que voy a elaborar) pensaría que cuatro chicos con granitos (Helders tenía un severo problema al respecto), con más noche que el Bambino pero con poco rodaje en vivo no podrían llenar ningún barsucho del norte de Inglaterra (Sheffiled, ciudad natal). Sin embargo, aún sin tener material oficial, utilizaron el siempre querido y respetado boca en boca (o mouth to mouth en este caso) para promocionar sus presentaciones.

The Boardwalk, una especie de Niceto, lucía lleno por lo menos dos veces al mes, lo que no pasó por alto en las libretas y reportes de los medios independientes de la región. Los carteles de “agotado” cada vez eran más frecuentes ya entre 2004 y 2005, época en la que lanzaron su primer EP, Five Minutes With Arctic Monkeys. Mas o menos ese fue el tiempo que tardó el disco en quedar Sold Out. Si bien era una edición limitado, la nula publicidad, experiencia y ayuda externa hacía imposible descifrar la fórmula del incipiente éxito zonal.

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Acá comienza la verdadera razón de todo esto. Los que crecimos con los CD piratas jamás hubiéramos supuesto que esa herramienta habría sido la clave para que el producto se mantuviera a salvo de las garras de las grandes empresas, las cuales han sido héroes en varias ocasiones y han sepultado a grupos que cedieron ante la presión. ¿Te suena Myspace? Entendiste todo, como lo hicieron los monos.

Tal vez la educación, los valores que los chicos tuvieron desde el cole, el tener convicciones y defender sus ideales por sobre el dinero les hizo ignorar los suculentos contratos que las peces gordos ofrecieron a lo largo de todo el 2005, año de “nacimiento simbólico” de AM. Tocaron en un escenario secundario del Rading Festival, recital clave y determinante para el cuarteto, al ser la primera exposición antes un público numeroso. La locomotora ya estaba en marcha y no había nada que pudiera detenerla.

La avalancha de propuestas era cada vez más asfixiante.  “¿Vieron que se puede tocar y agotar teatros sin que nos chupen la sangre? Aprendan, y no gasten el tiempo, busquen a otro” sentenció un Alex más maduro y seguro de sus palabras. Tenía apenas 19 años, y ya era líder de una generación que sólo tenía a unos Oasis decadentes en resurrección como abanderados nacionales. Pedían a gritos a alguien de su edad. Bueno, ya lo habían conseguido.

El primer sencillo (otro que se catapultó al toque) fue “I bet you look good on the dancefloor”. Cada noticia, track o insinuación de Arctic Monkeys era esperada por todos. El hermetismo y el culto que se habían generado no tenía precedentes en las últimas décadas. Haciendo fuerza, podemos acordarnos de los Gallagher, pero ellos contaron desde un inicio con una disquería grande. O sea que no cuenta. Sí, señor: estamos en posición de compararlos con una beatlemanía, pero del siglo XXI.

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En paralelo con el ascendente camino con el que convivían, los excesos y vida nocturna se hicieron cada vez más constantes en la rutina mona. Esto fue plasmado en su primer larga duración, uno de los trabajos con más expectativas en la historia de la música. Así de simple, nene. El gerente de Dominó Records jamás se arrepentirá de haber firmado en su propia casa (era la oficina de la discográfica) el acuerdo por el material. Dejando los números, la guita y la espectacular repercusión mediática que tuvo el venerado disco, se convirtió (hasta ese momento) en el LP debut más vendido de todos los tiempos, en Inglaterra. ¿Qué tul?

“Whatever people say I am, that`s what I`m not” es una bomba, una terremoto inesperado. Es la renovación generacional, es todo lo que pasaba en Sheffield a mediados de década. Ir a un recital de los Monleys era empaparse del under, de las historias de barrio, ponerse en pedo y manejar la resaca como un campeón. ¿Estaban preparados también para tocar en las grandes ligas? ¡Por supuesto!. “Cada vez que decían que una canción nuestra llegaba al número 1 en los Chats nos reíamos, no podíamos creer lo que estaba pasando”, tiró en su momento Jamie Cook, el otro guitarrista.

Recuerdo una de las tantas veces que volvía de mi primer trabajo bajo relación de dependencia y puse Mtv, cuando este canal todavía pasaba música. Lo vi a Alex en llamas cantando “I bet you look”. Dije: “son geniales. Punks, barderos pero sin ser gedes. Las letras son lo mejor”. Venía de escuchar mucho Green Day, Oasis y Nirvana, necesitaba algo nuevo. Le consulté a mis amigos a ver qué pensaban y me bajaron el pulgar: “son una más del montón, no hacen algo nuevo”. La segunda parte de la frase no estaba tan desacertada, pero era cuestión de darles tiempo para que “realmente” explotaran musicalmente. Ya tenían la atención de medio mundo, el resto estaba en camino…

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El tiempo me dio la razón, y a ellos también. En 2007 vio la luz “Favourite Worst Nightmare”, una pesadilla para las “big records”. Dominó ya era parte y responsable del efecto AM y ya no había marcha atrás. El mundo entero estaba a sus pies y el sueño de utilizar internet, las descargas gratuitas en Itunes y el compartir data musical con amigos de una forma tan simple se había convertido en realidad. La filosofía ganar-ganar estaba a la par de las letras de Alex, y por encima de la codicia y el dinero. Ese mismo año vinieron por primera vez a Argentina, momento en el cual Turner reconoció que “cantaban las letras, pero no sé si entendieron mucho acerca de las historias, lugares y anécdotas relatadas en las canciones de Arctic Monkeys”. Si bien se fueron satisfechos con el festejado recital en el Luna Park, esa declaración hizo ruido en algunos medios locales.

Otra de las bisagras para mencionar tuvo lugar entre la segunda joyita y Humbug. Las presentaciones ya dejaron de ser en teatros y bares para pasar a ser cabeza de cartel de varios festivales británicos e internacionales, como por ejemplo el Glastonbury. Dos años entre disco y disco fue una eternidad, si tenemos en cuesta el crecimiento minuto a minuto que venían teniendo los monos. Nuevamente, la paciencia hizo de las suyas: Humbug es un cambio de ritmo total. Cambiaron la estética indie por un look más mod, el sonido pasó a ser post-punk con atmósferas sonoras bien densas y oscuras (por ese entonces casi todos sus integrantes escuchaban Joy Division), en contraposición con el garage-punk divertido de sus inicios.

No todo fue color de rosas en estos quince años de trayectoria. Varias veces han sido criticados por tener un exceso de atención de parte de los principales medios de comunicación, apuntando a NME y a la BBC. ¿Acaso es culpa de AM eso? Todos hemos comprobado la autenticidad y los ideales que tienen a la hora hacer vales lo que hacen o dejan de hacer, por eso fueron seguidos de cerca por la prensa y canales de televisión.

Suck it and see siguió la línea de Humbug, acentuando el buen pasar de esa segunda etapa bien marcada de los Monkeys. Alex ya era un rockstar propiamente dicho y aquel joven indie con cara de virgen ya había quedado sepultada. Matt ya no tenía granitos, y tanto Jamie como Nick (bajista) se habían acoplado a imagen y semejanza de lo que la banda requería como conjunto. AM, el quinto LP (para su renovado público, es el mejor), supuso otra vuelta de rosca. Más pop, con letras románticas, es una de las razones por la cual Arctic Monkeys se convirtió en el gran emblema de esta época.

A la fecha, los cinco larga duración fueron lanzados por una discográfica independiente (Dominó) y jamás dejaron que nadie les cambie una estrofa o una nota musical. Tocaron para los mismos de siempre, se la jugaron cuando debían hacerlo y a la hora de arriesgarse con la propuesta de sonido, quedaron bien parados. ¿Vieron que se puede trascender en tiempos de globalización y desvalorización hacia el artista? Arctic Monkeys puso al Indie en su lugar, y confirmó que se puede llegar a las masas manteniendo la esencia que los define. Tomá, andá a buscarla al ángulo…

Eruca Sativa cruzó un charco de Barro y Fauna

El power trío volvió a Uruguay y presentó su último CD, en lo que fue un viernes de gloria para los liderados por Lula Bertoldi. Crónica de un show perfecto, al palo y con un invitado de lujo…

Nota: Joaquin Vacca

Fotos: Juan Pablo Pomponio

“Entendernos no es casual” reza Paraíso en Retro, una de los mementos más estremecedores del fin de semana furioso que moldeó Eruca Sativa a imagen y semejanza propia. En una experiencia que ya conocían (habían estado en el país hermano anteriormente), esta vez dieron uno de los mejores recitales de la gira que lleva por nombre el último y genial LP Barro y Fauna, editado en noviembre del año pasado.

De Pe a pa, Lula, Brenda y Gaby tocaron entero el quinto trabajo discográfico (el cuarto de estudio), y si bien el público charrúa tardó un toque en sacarse la modorra, terminaría las dos horas de set con la piel llena de sudor. Tranquilo nene, ya vamos a llegar a esa parte. Abrepuertas y Armas Gemelas, dos de los estrenos, fueron el preludio de lo que vendría: agite, grandes solos de Bertoldi, punzantes líneas de bajo de Martin y el siempre rendidor Pedernera en los parches.

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Confundiste parece estar dedicada a alguien, aunque con su pegadizo estribillo nos eleva bien alto, al igual que uno de los predilectos de los eruqeros: El genio de la nada. Esta joya pertenece a Blanco (2012), del que también interpretaron la efímera e impulsiva Queloquepasa y el clásico Fuera o más allá. En realidad, lo que pasa es mágico: toquen en Rosario, en el Konex, en Haedo o en La Trastienda de Montevideo (lugar elegido en esta ocasión), los cordobeses transmiten la misma energía, esa de la cual uno no puede escapar. Lo dijo un amigo mío hace unos años y por suerte le creí: será una banda que marque la escena alternativa actual. ¡Y que acertado estaba el pibe este!

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Despiertate, nena con el gran David Lebon como invitado (el experimentado músico puso de rodillas a Lula, imaginen lo groso que es), y el cover de Corazón Delator en modo 3.0 (los arreglos técnicos son un sello característico del trío) adornaron el principio de esa segunda mitad, nutrida de clásicos al por mayor. Imposible no emocionarse en Justo al Partir (recordé a mi hermano y a tantos amigos que no están), la cual a priori pareciera ser trágica, pero que con su lema “felicidad no es premio, es consecuencia de vivir” resume la búsqueda interna de los que quieren triunfar en la vida, sin importar a donde vayamos a parar. Ya sabemos que la muerte está, lo que debemos hacer es vivir al máximo cada momento, y créanme que este fue uno de ellos.

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Para coronar una velada de la puta madre, la catarata de piñas vino de la mano de Nada Salvaje, Tarará, Magoo e Inercia. Una Lula excelsa, dejando la viola ASÍ de chiquita, fue la frutilla del postre. La manija para el Luna Park, lejos de calmarse, se agrandó a grandes dimensiones. Al igual que el corazón, que no sabe como aguanta, pero aguanta siempre a esa batalla de emociones que libera Eruca Sativa cada vez que se presenta.  

Los Redondos: El despegue definitivo.

Hacia 1989 la escena del rock nacional estaba en un gran dilema. Todavía con la nostalgia de la seguidilla de decesos de grandes ídolos domésticos (Luca-Abuelo-Moura), dos bandas ya eran nombre propio dentro del circuito argento. Soda y Los Redondos tenían su propio público, bien definido y con la rivalidad iniciada pero no en su estado de ebullición.

1989 serían un gran año para Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. No sólo porque lanzaron “¡Bang! ¡Bang! Estás Liquidado” y tocaron por primera vez en Obras, sino porque, dentro de sus múltiples procesos de reinvención, encontraron en ese pasaje tal vez el más importante: dar el salto definitivo a las masas. Faltarían un par de años para que la “cultura ricotera de cancha” se cristalice (a partir de “La mosca y la sopa”), pero este paso fue vital para aquello sucediera. ¿La clave? Los riffs de Skay, letras cada vez más jugadas del Indio, manteniendo el culto de siempre y arrastrando la capacidad para generar canciones que peguen en todos lados pero que no carezcan de poesía palpable y elaborada.

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Es cierto, mucho ayudó lo hecho anteriormente. El culto y la oscuridad en “Oktubre” y los hitazos de “Un Baion para el ojo idiota” no son sopa. Con claras influencias de rock and roll (“Nadie es perfecto”), dardos directos a los milicos y la represión (“Héroe del wisky”, “Ropa Sucia”, “Nuestro amo juego al esclavo”), y otras gemas de doble interpretación (“Rock para los dientes”, “Maldición, va a ser un día hermoso”), Bang Bang no tuvo el éxito comercial de su predecesor, pero con el tiempo ganó un lugar de preferencia entre los seguidores de la banda platense. Incluso, varios lo tienen como su favorito, por arriba de los mencionados Oktubre (1985) y La Mosca y la Sopa (1991), tal vez las dos grandes bisagras para el público en general.

Teniendo varias ofertas para grabarlo por parte de empresas poderosas, Los Redondos decidieron mantener el perfil de independiente y seguir el camino de la autogestión, que tantos frutos les había dado. Grabado en el estudio Del Cielito y lanzado el 7 de abril de 1989, es considerado uno de los larga duración más importantes de la historia del rock nacional por parte de la prensa musical.

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Además sirvió para consolidar la formación clásica de Los Redondos: Carlos Solari en voz, Skay Beilinson en guitarra, Semilla Bucciarelli en bajo, Walter Sidotti en Batería y Sergio Dawi en saxofón. Lito Vitale estuvo como invitado en el disco aportando en teclados, mientras que nuevamente (como era costumbre) el gran Rocambole se ocupó del arte de tapa. Inspirado en un cuadro de Goya, modificó la escena insertando a miembros de la Cruz Roja en lugar de soldados que estaban fusilando.

Lo que vendría después de Bang Bang, ya a inicio de la otra década, sería la cresta de la ola en materia de ventas y popularidad. Con los ultra rotados “Un poco de amor francés” y “Mi perro dinamita”, PR llegó a todas las radios del país e inició la etapa más convocante que se haya conocido hasta el momento, sólo comparable con… Soda. Todo desde el boca en boca, de hecho el Indio y los suyos fueron precursores de esa técnica contracultural.

Viejos Verdes despidió el año en Gier Bar

El grupo de hard-rock y garage tocó en Colegiales y se pone a punto para grabar su primer LP en 2017.

Por Joaquín Vacca

Fotos: Ricitos de Oro

Caminando por Alvarez Thomas, cruzando Lacroze, y acercándose hacia el lado de “las seis esquinas” se escuchaba cada vez más fuerte el ruido que provenía desde Gier, un lugar que se convirtió en un pequeño pero clásico pub para las bandas under. La madrugada del sábado fue testigo de cómo “Viejos Verdes”, un poker conformado por Jorge Eduardo Acedo (voz), Ramiro García (guitarra), Lucas Pañale (bajo) y Ale Maciel (batería) realizó un breve pero contundente listado de canciones para su círculo íntimo.

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Con una base de hard-rock, pueden fluctuar también entre el funk y hasta el reggae. Con influencias claras de ídolos nacionales, destilan ese espíritu garage, que no necesita de una perfección sonora para ser auténtico.

“De mi” y “Libertad” abrieron pasada la una de la mañana, mientras que el primer “guiño” hacia una de las bestias de nuestras tierras llegó con “Haciendo cosas raras”, cover de Divididos. La oscuridad y melancolía en “La lluvia” (incluida en el demo que grabó la banda), fue de lo mejor del recital, el cual recordó a uno que es sinónimo de rocanrol: “Sin Hilo” revivió por un rato al “Bocha” Sokol . La pegadiza “Lulu” cerró el show y también el año de Viejos Verdes. Su gente ya está ansiosa para que salga el larga duración en los próximos meses…

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Soda Stereo: la conquista de América

Veníamos presentando todos discos “gringos”, así que es buena hora de recordar un discazo de una banda emblema de estos pagos…

Cuando uno menciona “Doble Vida” (1988), cuarto álbum de Soda Stereo, rápidamente lo asocia a la fructífera época de los 80, donde “esos raros peinados nuevos” y las “bandas maquilladas” revolucionaron la escena del rock nacional, con el punto máximo reflejado en el trío porteño y en Virus.

Pero poco tiene que ver este disco con el ambiente pomposo que predominó esos años: luego del éxito rotundo de “Signos” LP que los llevó por toda América y les dio un salto de calidad con el recordado show en Viña del Mar al año siguiente, Cerati y compañía le dieron un giro considerable al sonido de Soda, y varios factores explican porque les resultó tan exitoso ese cambio tan fundamental como necesario.

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Luego de finalizar la mencionada gira (llamada “Ruido Blanco”), los de Capital se encerraron en el estudio y comandados por el músico y productor portorriqueño Carlos Alomar (Cerati lo conoció de casualidad en Nueva York), se empezó a gestar uno de los discos clave del rock nacional. Alomar era en ese entonces uno de los músicos más respetados: Bowie, Iggy Pop, Jagger y Mc Cartney trabajaron con él. Hasta Alberto Onahian, productor ejecutivo de Soda, admitió que el plan del centroamericano se plasmó de forma brillante y eficaz, digna de uno de los mejores del mercado.

“Doble Vida” es el segundo disco de la banda en ser grabado en USA (el primero fue su álbum homónimo y debut), el primero en tener éxito en Norteamérica, terreno impenetrable hasta ese entonces para cualquier grupo Latinoamericano. Además, fue el primer EP de una banda “latina” en incluir una canción rap (participación de Alomar), pero más allá de los números, fue la visagra fundamental en el recorrido musical de la banda que completaban Zeta Bosio en bajo y Charly Alberti en batería. Fue el inicio del ciclo de “madurez” de Soda, alejándose del synth pop y la new wave para sumergirse en ritmos afroamericanos, el funk, soul y el R&B.

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Impulsado por hits como “En la ciudad de la furia” y “Lo que sangra (la cúpula”, “Doble Vida” fue todo un éxito y los hizo recorrer todo el continente americano, marcando la consagración definitiva de Soda. A la ya mencionada multiplicidad de género, se le agregó una interesante y atractiva temática en las letras de Gustavo, que hablaban del amor, el sexo, el precio de la fama y de lo tabú. Obviamente, todavía se vislumbran influencias de The Police, Joy Division y Talking Heads, entre otros artistas que tanto marcaron el rumbo de Soda Stereo a mediados de la década de 1980.

Lanzado 6 días antes de la primavera de 1988, el disco se divide en dos lados, A y B. En el segundo figura otra joyita de la leyenda del rock nacional: “Corazón delator” (luego adaptada a formato orquesta). la canción está basada en la novela de Edgar Allan Poe, de mismo nombre.

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“Día común / doble vida” es otro de los puntos altos del álbum, en donde se ven claramente las nuevas influencias “negras”, así como en “el ritmo de tus ojos” y “los languis”. Casi todas las canciones fueron escritas exclusivamente por Cerati salvo por “En el borde”, además co-escrita junto a Alomar, Bosio y Richard Coleman.

Luego del éxito y la consagración definitiva de “Doble vida”, Soda seguiría su consolidación de la mano de “Canción Animal” (1990), obra cumbre de la banda pop-rock…